Bitácora Parte 2. (Bogotá, Colombia)

Desde las primeras clases, los profesores demostraron su ser de comprensión y humanidad, de sabiduría, profesionalismo y seriedad.

clases de oboe con David Walter

 

El oboe y mis cañas estaban afectados por la altura y el frío, pero aunque yo tocara de la manera más incómoda y menos expresiva que pudiera salir de mí, las clases iban más allá del momento que ahí vivíamos cada uno de nosotros, los conocimientos transmitidos iban desde lo más profundo de los profesores y sobrepasaban esa barrera de lo que conocíamos o habíamos experimentado antes, y se quedaba en nosotros como un sello en nuestro subconsciente, que espero en algún momento podamos hacer salir y compartir con otros.

fundanob

 

Ya en la primera noche había nuevos amigos, muchachos oboístas de distintas ciudades de Colombia, y un cumpleañero de República Dominicana, con mucho talento cada uno de ellos, y todos conectados con una casualidad que nos uniría esa noche para conocernos y comer unas pizzas.

Universidad Nacional Bogota

 

Ahí fue donde conocí a la amiga que me rescataría como un ángel en el resto de los días de la semana, permitiéndome quedar en su casa, experimentando sin ningún prejuicio la fusión de las culturas y tradiciones colombo-venezolanas.

Gracias a ella aprendí y pude conocer mucho más de cerca Bogotá, muy rápidamente desde el entorno de una estudiante universitaria.

 

Todos los días me levantaba a las 5:30-6 am, ya que el sol sale más temprano en los cielos rolos, y mi ansiedad por salir no se contenía. la jornada comenzaba a las 8am, a las 12 receso de almuerzo y a las 2pm regresábamos hasta las 6-6:30pm.

conciertos

 

A las 7:30pm todas las noches había un concierto en algún auditorio de la ciudad, de ahí salíamos a las 9-9:30, cada uno regresaba a su casa, hotel u hostal, y de nuevo la misma rutina al día siguiente.

conciertos

 

Yo terminaba acostándome a las 12:30-1 luego de contarle mi día a mis papás que en Venezuela esperaban todo el día para saber de mi cuando consiguiera conexión Wifi, que era en la noche, cuando llegaba.

 

Fue una experiencia nueva probar oboes en una exposición, Paula llevó de Rigouthat, oboes y cornos ingleses, cada uno distinto y lleno de colores.

Rigouthat

 

Fueron también los representantes de Howarts, y KGE, más de 10 oboes para probar en 1 semana.KGE

 

KGE llevó sus máquinas, con las cuales hicieron varias cañas a varios de nosotros (agradecidos todos) para probar las hormas y durezas de sus paletas además, llevaron tubos, cuchillas, y distintos tipos de oboes, desde los modelos para estudiantes que inician hasta los más avanzados.

Howarts

La marca Howarts nos enseñó su nueva línea de oboes e instrumentos de viento para niños, menos pesados, con más facilidad para hacerlos sonar y mucho mas ligeros.

Así también, nos enseñaron sus distintos modelos de oboes y corno ingles, con sus llamativos diseños, que combinan colores y cuerpos sintéticos y de madera, varios quedamos enamorados.

Lorenzo Masala, de Reeds’n Stuff desde el primer día me impresionó con su habilidad para hacer una caña excelente para un oboísta diferente, luego nos enseñaría como hacía su magia, con lo que hasta ahora creo que es el mejor método para comprender el arte de hacerlas.

Lorenzo Masala clases

Sus clases llenas de asociaciones que en lugar de preocupar, interesaban a cualquiera, a pesar de haber falseado varias notas antes.

«Debe fluir como mantequilla» nos decía para el momento en el que el aire pasa por la caña sin el oboe, el primer sonido debe ser «Como cuando despega un avión, progresivo». Todavía hoy recuerdo eso, cada relación facilita la manera de distinguir como es mejor en el momento de tocar. clases Lorenzo Masala

En sus clases sobre cañas, nos explicó que el cuerpo de la caña es como el de nosotros, está relacionada cada parte, la punta, los lados, el centro, debe ajustarse a nuestra conveniencia, con nuestros labios, nuestra fuerza diafragmática, nuestros pulmones. Es una manera nueva de ver las cañas y su uso.

Así también, nos explicó que la caña debe ir de acuerdo al oboe que utilizamos, depende de la marca, el modelo.

Clases con David Walter y Thomas Indermühle fueron de las experiencias más enriquecedoras en frente de oboístas de tanto entendimiento y sensibilidad.

Clases con David Walter

David Walter lleno de emoción nos hacía encontrarle el gusto a la música que tocabamos, incluso con algo de baile para que nos diéramos cuenta de que en realidad la música está hecha para bailarse. ¡Cómo lo olvidamos!

Su sonido nos presentaba una manera de cantar con el instrumento, de realmente expresar que todos los preguntábamos cómo lo haría. Fue un sueño verlo en su concierto del jueves por la noche, nos dejó deslumbrando a todos.

David Walter

Para mí significo un reenganche con el instrumento, que hacía falta, ya que tenía mucho tiempo sin escuchar a alguien que pudiera decir algo de manera tan natural con el oboe. ¡Gracias David Walter!

El compartir con los compañeros cada día hacía cada vez más cercana la forma en que se comunicaban entre sí, de una manera cordial y respetuosa utilizando frecuentemente las palabras señor, disculpe, su merced, y jocosas con verraco, querido, entre muchas otras que no mencionaré porque también hacen referencias groseras, ¡pero son parte del habitual lenguaje!

Al pasar los días las hojas se acababan en las libretas que llevaba por tantas anotaciones.

Yoga

Conocimos otros temas como el yoga aplicado a la ejecución del oboe, que fue una de las clases innovadoras que abrió en mis varias ideas, con una profesora y oboísta excelente como lo es Luz del Pilar Salazar, así también la clase con Diana Franco, de emprendimiento cultural, para empezar a despertar y hacer cosas que nos beneficien a nosotros y a los demás aprendiendo a organizarnos.

Olga Marulanda

 

Olga Marulanda fue una luz, espero que, para muchos de nosotros, al mostrarnos una perspectiva totalmente realista del oboe como instrumento que va a seguir evolucionando con el paso del tiempo, un instrumento que tiene tanta historia, el como ha avanzado y hacia tantas posibilidades que podemos tomar como oboístas y arriesgarnos a hacer cosas nuevas.

Su taller de improvisación libre y clase de historia fueron enriquecedoras.

Tamas Balla

Los últimos días pudimos compartir con Tamas Balla, y tener una idea de la proyección de los oboístas dentro de la orquesta, y todo lo que puede pasar antes de entrar a una formalmente, las audiciones y sus procesos.

Así también, vimos varios solos destacados y en ésta clase de audiciones, teniendo una idea no sólo de lo que tocamos como oboístas sino del trabajo de la orquesta que nos rodea (rodearía) en el momento de tocarlo.

clases Tamas Balla

 

Tamas es artista Loree, yo tenía unas dudas sobre el oboe y pudo aconsejarme con Paula, quién nos dio una clase de ajuste y calibración del instrumento con los distintos oboes que se encontraban en el grupo, y Andrés López, que llegó al final de la semana con sus conocimientos, pudo aplicarlos en mi oboe, (detalles minuciosos de Loree) el cual quedó excelente, para el resto de los días.

Andrés Lopez

Andrés tiene una gran historia, y está dedicado no sólo a la lutheria, es trompetista, y con mucho ánimo pudimos conversar para próximos proyectos.

Con cada uno de los profesores la experiencia de tocar se convirtió en la manera de compartir visiones, y maneras de expresarse en el mundo. Los salones o cuartos en donde estábamos más de 10 estudiantes, sentados en círculo contra las paredes, uno al lado del otro para apreciar las clases magistrales, se transformaban cuando uno se levantaba y tocaba, cada oboísta tenía su energía particular, su manera de encantar, que incluso cambiaba cuando pasaba de tocar del estudiante al profesor o viceversa. Estábamos divididos en grupos por niveles, no pude ver clases con los más pequeños, pero se escuchaba y notaba la emoción con la que se participaba en sus clases.

clases

Entre clases, recesos, almuerzos, conciertos y cenas, el ambiente se llenaba de admiración y familiaridad entre profesores y estudiantes, y entre estudiantes y estudiantes.

 

Había momentos en que no sentía que estuviera realmente en la tierra, que estuviera al lado de personas con tanta experiencia y conocimiento en un mundo, el mundo del oboe, en el que tanto me gusta estar. Para mí fue una bendición en todos los sentidos.

 

Entre los venezolanos además estaba el profesor Marco Tarazona, quién vive en este momento en Colombia, con su hijo Sebastian, oboísta también. El profesor dió clase a uno de los grupos.

Marco Tarazona

 

Compartieron con nosotros y nos enorgullecía al resto, ya que el grupo de venezolanos estaba conformado por el profesor y su hijo, el tachirense, yaracuyano, de Mérida y Barquisimeto, que al reunirnos a cenar el último día, esa idea que llega luego de la melancolía, de que si se puede, invadía mi sentir y mi orgullo por mi gente, mis venezolanos queridos y extrañados por tanto tiempo, felices, crecía así como mi fe y mis ganas de seguir, volver a Venezuela y hacer más cosas en mi país.

 

Todo tuvo más sentido al montarme de regreso en el carrito que iba del Puerto Santander al vigía, con un conductor que se hacía llamar Caracas, era de Caracas, un mecánico maracucho, un copiloto merideño y mi compañera de viaje oboísta, de regreso a seguir nuestras vidas aquí, con esos chistes, burlas y carcajadas que duraron los 100km, con anécdotas que podrían contarse amigos de toda la vida, pero de las que se reían personas que acababan de conocerse.

De las muchas cosas que comentábamos en Colombia los venezolanos a los colombianos y a los venezolanos que tenían tiempo sin noticias, es que seguimos riéndonos de nosotros, porque es la única forma de seguir sin dejar de mirar hacia adelante, que hemos crecido con la crisis y aprendido de muchos de nuestros errores, que así como yo, me esperaban acá muchos jóvenes y adultos con ganas de echar el país hacia adelante, de superar la catástrofe y reconocer nuestras capacidades y virtudes, de llevar con orgullo nuestro corazón venezolano a todas partes del mundo, no por necesidad sino para crecer todos juntos.

Me fui de Bogotá con el proyecto de unir esfuerzos con esta otra fundación e ir en pro de un avance y movimiento en toda latinoamérica. Aún siento que fue un sueño, pasó tan rápido y cuando lo recuerdo puedo sentir hasta el sonido de los carros rodando, las personas hablando y el aire que pasa entre las calles de Park Way hasta las montañas llenas de nubes, altas y cercanas de Bogotá, con Monserrat al frente, mientras salíamos de las clases o a almorzar, y aun así decían, el día está bonito.

 

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