Hernán Jerez Klopfer

(4/4/1935 – 25/4/2005) Hemos dedicado éste espacio para recrear la memoria del Maestro Jerez. Con orgullo publicamos el contenido de entrevistas libres y estructuradas con familiares, amigos y alumnos.

Artículo ganador de Paréntesis,  publicado en mayo de 2018.
Por Gabriela Vignati.

Hernán Jerez Klopfer permanecía en silencio durante el entreacto de la ópera. Mientras el público aprovecha sus 15 minutos para estirarse y socializar, él separa la caña de su oboe para ajustarla. En aquella época se usaba papel baudruche en lugar del film plástico adhesivo para envolver el hilo que sujeta la doble lengüeta de madera al tudel. El material se sellaba entonces con esmalte de uñas, haciendo las veces de la cubierta de film transparente. Esmalte sobre papel, papel sobre hilo, hilo que une las piezas de madera al tudel de corcho, revestido internamente de metal, que encaja en el orificio superior del cuerpo del oboe. Alquimia. Magia indescifrable a los ojos del director del teatro, quien mira fijamente a Jerez remojando una y otra vez la brochita en el esmalte, pensando cómo es posible que en plena ópera se ponga este a pintarse las uñas. Aunque no tenía nada en contra de los homosexuales, ¡esto ya era inaguantable! y no pensaba seguir contratándolo como músico de la ópera. En privado, el director del teatro le comunica a Jerez su disconformidad con las prácticas estéticas en medio de una ocasión tan importante.

– “Espere un momento que voy a buscar algo al camerino”, es la respuesta del músico chileno.

En instantes regresa sosteniendo un estuche que podría pasar por equipo de costura de emergencia. Sin embargo, contiene los implementos para fabricar las cañas, mucho menos ordinarios de lo que parecen: navaja recta, paletas de madera, variedad de tudeles, hilo, espiga, alambre, mandril, cuchillas y regla.

Engalanados con todos estos artilugios e instrumentos se pasean, abstraídos, los oboístas manipulando, soplando, raspando, armando y embalsamando sus cañas. Para ellos es casi como cocinar; se saben la receta, cuándo les va a salir bien y cuándo no, cuántas veces la navaja debe acariciar la paleta y cuántas vueltas se le da al hilo para unir la paleta al tudel. Metódico. Preciso. Secuencial. Como los relojeros con sus lupas, pinzas, troqueladoras y destornilladores. Aunque las probabilidades que tienes de ver a un relojero trabajando son mucho más altas que ver a un oboísta haciendo alquimia de cañas. Y entender cómo funciona la maquinaria de un reloj con un par de vídeos en YouTube ni siquiera es comparable con tratar de identificar todas las partes de una caña, por qué están dispuestas de esa manera y cómo afectan la ejecución del instrumento al funcionar como conducto para soplar el aire y emitir sonidos mediante la vibración de la lengüeta, mientras se presionan las llaves con los dedos. Cualquiera que deba practicar diariamente un ejercicio con tal grado de complejidad, perdería la paciencia de inmediato y daría una respuesta ufana si alguien lo compara con algo tan mundano como pintarse las uñas.